Héctor Robles, sencillo, intelectual y bohemio

Publicado el 5/3/2012 5:42:00 AM

Por Marcela Leopo y Laura Gutiérrez

Sencillo, sonriente, bohemio e intelectual, así es Héctor Robles Peiró, candidato al gobierno de Zapopan por el Partido Revolucionario Institucional
 
Es joven. Tiene 37 años de edad, pero parece más chico. Como se dice en el argot popular “es come años”. De allí que sus asesores de imagen le hayan recomendado cuidar su corte de cabello para que pueda lucir un poco más sus prematuras canas. 
 
No le han cambiado mucho. Se presenta ante sus posibles votantes tal como es. Confiesa que le hicieron una segunda recomendación y fue que su “outfit” fuera un poco más juvenil.
 
Lo que pasa, comenta, es que de toda la vida ha sido muy formal en su estilo de vestir: camisa, pantalón y suéter. Siempre con su estilo de niño de colegio. Bien peinado, pulcro y de buen gusto. 
 
Ahora la recomendación es que use pantalones no tan holgados, un poco más apretados y es por eso que en su guardarropa actual se pueden contar un buen número de jeans.
 
 
Está casado con Vania de Dios desde hace tres años. De esta unión nació Mateo de nueve meses de edad, “que nos tiene fascinados”, dice con una sonrisa en los labios.
 
Héctor está feliz de haber encontrado a Vania en su camino. “Prácticamente desde que la ví supe que me iba a casar con ella”. 
 
Vania es comunicadora. Era la reportera encargada de cubrir la fuente del Ayuntamiento de Zapopan cuando Héctor se desempeñaba como regidor. 
 
Vania es una profesional con mucha ética, que no quería involucrarse con un político, pero al final de cuentas el amor triunfó y tuvo que pedir que la cambiaran de fuente para no faltar a su profesionalismo.
 
De Vania dice: “es hermosa, transparente, inteligente y me apoya mucho“.
 
Cuenta cómo le pidió matrimonio. En breves palabras resulta que le solicitó a un amigo simular una rueda de prensa, donde se invitó a amigos de Vania, a reporteros y a familiares.
 
En el momento en que indicaron que Héctor haría un anuncio, Vania se quiso salir de la rueda de prensa, pero no la dejaron.
 
El anuncio que hizo Héctor fue que en Zapopan había encontrado a la mujer de su vida: Vania, y allí, delante de todos, le entregó el anillo de compromiso. El resto es historia.
 
Otro de sus tesoros de su vida es Héctor, su hijo de 10 años de edad al que adora y a quien procreó con su primera esposa Rocío Villarreal, a quien le agradece todo lo que ha hecho por el pequeño, del que siempre está atento para que no le falte nada.
 
Por cosas de la vida y tal vez porque ambos estaban muy chicos, se produjo el divorcio, situación que lo marcó en su vida, pero afortunadamente Vania le ha dado a su vida una gran razón de ser.
 
Héctor es amante de la lectura, de los buenos libros, pero también es bohemio. Toca la guitarra y el piano y sabe cantar. Le ha compuesto canciones a Vania, su musa. 
Para Héctor la familia es vital. Le gusta disfrutar de su hogar.  Es católico, pero muy respetuoso de todas las creencias e ideologías y ante todo considera importante poner en práctica en la vida los valores universales.
 
 
 
Héctor platica sobre quién es y cómo es.
 
 
 
- ¿Eres de Zapopan?
 
 
 
Nací en Guadalajara hace 37 años, pero prácticamente toda mi vida he vivido en Zapopan, con excepción de cuando me fui a estudiar a la ciudad de México y a Estados Unidos.
 
- ¿En donde estudiaste?
 
 
La Primaria en el Colegio Cervantes en Loma Bonita, la secundaria en el Cervantes del Bosque y la prepa en el Cervantes Costa Rica. En realidad la formación que yo tengo es con los maristas.
 
Tengo como una formación muy curiosa porque mi madre, que es Irma Peiró, es una mujer que en su tiempo estuvo muy vinculada a los temas religiosos, católica, de cierta manera conservadora, pero mi padre Héctor Rangel Robles Castillón, completamente de campo, de lucha, de esfuerzo.
 
Al cabo del tiempo esos dos contrastes se fortalecen en mis estudios, porque por un lado estudié en la mejor escuela de Economía de ese entonces, el ITAM, la de los grandes economistas de la época: Pedro Aspe, Carlos Salinas, Herminio Blanco.
 
 
- ¿Alguno de ellos te dio clases?
 
 
 
Me dio clases Pedro Aspe, Córdova Montoya, Herminio Blanco y Francisco Gil Díaz. (Secretarios de Estados en pasados sexenios).
 
Entre mis compañeros  estaban Salomon Chertorivski, actual Secretario de Salud, Esteban Levin de PEMEX y Carlos Loret de Mola.
 
 
- ¿Fue entonces cuando decidiste ser gobernante, político?
 
 
Quise ser gobernante desde muy niño. Desde que tengo uso de razón, siempre era el presidente del salón, siempre daba discursos, participaba en concursos de oratoria.
 
Siempre soñé con ser político-gobernante.
 
Mi personaje emblemático desde muy chiquito es Benito Juárez y además así me peinaba. Tenía mis estampitas de él en mi cuarto.
 
- ¿Por qué Benito Juárez?
 
 
Pasó una cosa muy curiosa. Estando muy niño, en el kinder, me gustaba una niña hija de alemanes. Le pedí que fuera mi novia, yo tenía como cuatro años, pero me dijo que no, que yo era de tez morena y estaba negrito.
Eso me generó un impacto sicológico muy fuerte. Llegué a casa llorando y le dije a mi mamá: mami, ¿no me quieres?, me preguntó que por qué y le contesté: “es que estoy negrito” y me dijo que eso no tenía que ver nada con su gran amor.
Entonces mis padres toman la decisión de llevarme al castillo de Chapultepec en la ciudad de México, me hacen un recorrido, me paran frente al cuadro de Benito Juárez y me dicen: “este hombre es de tez morena, de origen indígena  hizo muchas cosas por nuestro país. El color de la piel no determina el alcance que tú puedes tener en la vida”.
 
Desde entonces Benito Juárez se convirtió en un ancla de un niño de cuatro años que veía una posibilidad de hacer cosas a través de una figura histórica.
 
 
- ¿Fue lo que te marcó para ser político?
 
 
Sí, desde entonces, pero siempre crecí con el tema de la política porque mi padre, un hombre de campo, del Tuito, Jalisco, fue presidente municipal a los 20 años. 
 
 
 
- ¿Decías que en tu vida había dos cosas contrastantes que te marcaron?
 
 
 
Sí, porque estudié Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM, paralelamente a Economía en el ITAM. Eran dos mundos diferentes. Por un lado me hablaban de los modelos macroeconómicos, de la solidez financiera y por otro de la lucha de clases, de los malditos burgueses.
 
Mis compañeros en el ITAM eran hijos de empresarios y políticos y en la UNAM de mozos, campesinos, gente trabajadora.
 
 
Para mí fue interesante porque fue un choque de las visiones contrapuestas de la vida. Fue algo que me hizo muy tolerante, agarré mucha riqueza en el sentido de ver el mundo.
 
 
- ¿Naciste con madera de líder?
 
 
Fui presidente del ITAM, participé en la elección contra el sobrino de Luis Téllez, Luis Madrazo. No se entendía como un muchacho provinciano, de Guadalajara, de pronto ganaba las elecciones de la universidad.
 
 
Allí fue en donde conocí a Héctor Vielma -alcalde de Zapopan- y lo que mucha gente desconoce es que somos amigos, aparte de socios políticos y desde muy jóvenes soñábamos con hacer política en Jalisco.
 
Pero dentro de esa formación, también tomé la decisión de escribir en la revista de la universidad, luego en una revista propia. Empecé a ver muchas posibilidades en el sector académico.
 
Luego me metí a trabajar en la Secretaría de Hacienda y estuve un tiempo en la ONU.
 
 
 
- ¿Qué hacías en la Secretaría de Hacienda?
 
Era subdirector de Programas Estratégicos. La recaudación de México se concentra en 2 millones,500 mil  contribuyentes y yo era quien hacía los estudios para decidir a quiénes se les hacía auditoría.
 
 
- ¿Cuántos años tenías?
 
Tenía 22 años y quiero comentar que no nací con una empresa. Vivíamos muy bien, pero mis estudios los hice con becas que me gané. Me refiero a los de licenciatura, posgrado y doctorado. Estaba siempre muy acostumbrado a esforzarme. 
 
 
 
 - ¿En Hacienda fue tu primer trabajo formal?
 
 
Mi primer trabajo formal fue poniendo medidores de agua. El Siapa generaba contratos a empresas para poner medidores y supervisarlos y me encargaba de supervisar que estuvieran bien puestos.
 
 
- ¿Qué edad tenías?
 
Como 16 años. No me pagaban en nómina.
 
 
- ¿Para qué te alcanzaba el sueldo?
 
 
Me alcanzaba para invitar a mis amigas a salir.
 
 
- ¿En dónde más has colaborado?
 
 
Estuve en la Cepal, con  el asesor del investigador central de México.
Luego entré a Secretaría de  Hacienda, primero como analista y fuí  subiendo peldaños. Es cuando  tomo la decisión de estudiar la maestría también en el ITAM en Políticas Públicas, siempre todo vinculado al tema de gobierno.
 
Ya me iba a estudiar el doctorado y me sentía cansado de estar solo. Buscaba más tranquilidad.
Me regresé a Guadalajara, me casé, me llevé a mi entonces esposa,  Rocío Villarreal. Nos fuimos juntos. Yo iba a estudiar el doctorado en Políticas Públicas en la Universidad de Texas, en Austin.
Me fue muy bien. Me becó el Conacyt, la Fundación Ford, la propia universidad.

 
- ¿Cuál es tu coeficiente intelectual?
 
 
Nunca me he hecho el examen.
 
 
- ¿Dices que te fue muy bien en la Universidad de Texas?
 
Fui reconocido como el mejor estudiante mexicano de la universidad, como el mejor maestro asistente. Allí conocí a grandes personalidades de México como a Beatriz Paredes, Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón.
 
Una vez que fue Vicente Fox a firmar un convenio, hicieron una cena con los estudiantes mexicanos más destacados y allí le dije a Fox hasta de lo que se iba a morir. Que su problema es que creaba falta de credibilidad en la Presidencia. Fue como en el 2002.


- ¿ A qué personajes admiras ?

Además de Benito Juárez, admiro a Francisco I Madero y José Vasconcelos.
A Francisco I Madero por ser un hombre místico, espiritista, que decía que a él le dictaba Benito Juárez ese gran libro que escribió y José Vasconcelos  que  era un hombre profundamente creyente y espiritual. Les confieso en corto, me gusta la Metafísica aunque no me he metido de lleno a ese tema.


- ¿Tus metas en la vida?
 
Siempre en la vida mi meta es prepararme y prepararme y ahora  como candidato a la presidencia municipal de Zapopan es el inicio de mi carrera política.